Promesas de Dios para los que sufren
"El que se humanó sabe simpatizar con los padecimientos de la humanidad. No sólo conoce Cristo a cada alma, así como sus necesidades y pruebas particulares, sino que conoce todas las circunstancias que irritan el espíritu y lo dejan perplejo. Tiende su mano con tierna compasión a todo hijo de Dios que sufre. Los que más padecen reciben mayor medida de su simpatía y compasión. Le conmueven nuestros achaques y desea que depongamos a sus pies nuestras congojas y nuestros dolores, y que allí los dejemos." MC 192.4
"En todos los sufrimientos y aflicciones del hombre hay un Ojo de compasión, un Corazón de amor. “Como el Padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen”. Salmos 103:13. Se prodiga sobre nosotros el más tierno cuidado de Dios. Se compadece de nosotros en nuestras debilidades y en nuestros dolores. Podemos estar abatidos, aun desesperados; pueden estar sobre nosotros las densas nubes de aflicción; pero hay luz más adelante..." Manuscrito 132, 1902. ELC 16.5
"Nadie es capaz de apreciar las bendiciones de redención a menos que sienta que puede hacer todos y cada uno de los sacrificios que se le piden por amor a Cristo. Cada sacrificio hecho por Cristo enriquece al dador, y cada sufrimiento y privación que se soporta por él aumenta el gozo que el vencedor tendrá finalmente en el cielo." 4TI 216.3
"Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos". Ni Enoc, que fué trasladado al cielo, ni Elías, que ascendió en un carro de fuego, fueron mayores o más honrados que Juan el Bautista, que pereció solo en la mazmorra, “A vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.” Y de todos los dones que el Cielo puede conceder a los hombres, la comunión con Cristo en sus sufrimientos es el más grave cometido y el más alto honor." DTG 197.1
"La insto a que en su sufrimiento afirme su alma en Dios. El Señor será su ayuda, su fortaleza y su consuelo. Por lo tanto mire hacia él y confíe en él. Debemos recibir nuestro consuelo de Cristo." 2MS 304.5
"Es un error dar cabida al pensamiento de que Dios se complace en ver sufrir a sus hijos. Todo el cielo está interesado en la felicidad del hombre. Nuestro Padre celestial no cierra las avenidas del gozo a ninguna de sus criaturas." CC 46,47
"Los verdaderos discípulos de Cristo le siguen a través de duros conflictos, siendo abnegados y experimentando amargos desengaños; pero eso les muestra la culpabilidad y la miseria del pecado y son inducidos a mirarlo con aborrecimiento. Participantes en los sufrimientos de Cristo, son destinados a ser participantes de su gloria." HAp 471.2
"El que murió por los pecados del mundo está abriendo de par en par las puertas del Paraíso a todos los que creen en él. Pronto habrá terminado la batalla y se habrá ganado la victoria. Pronto veremos a Aquel en quien se cifran nuestras esperanzas de vida eterna. En su presencia las pruebas y los sufrimientos de esta vida resultarán insignificantes." PR 540-541
"El sufrimiento ha sido la suerte del pueblo de Dios desde los días del mártir Abel. Los patriarcas sufrieron por ser leales a Dios y obedientes a sus mandamientos. La gran Cabeza de la iglesia sufrió por nosotros; sus primeros apóstoles y la iglesia primitiva también sufrieron; los millones de mártires sufrieron y sufrieron también los reformadores. ¿Y por qué habríamos nosotros—que tenemos la bendita esperanza de la inmortalidad, que se convertirá en realidad en el momento de la venida de Cristo, la cual no demorará mucho—, de acobardarnos a causa de una vida de sufrimiento? Si fuera posible tener acceso al árbol de la vida que está en medio del paraíso de Dios, sin experimentar antes sufrimientos, no disfrutaríamos de una recompensa tan valiosa por no haber sufrido por ella. Nos apartaríamos de la gloria; nos sobrecogería la vergüenza ante la presencia de los que pelearon la buena batalla, que corrieron la carrera con paciencia y que se aferraron a la vida eterna. Pero no habrá allí nadie que no haya elegido, como Moisés, padecer aflicciones con el pueblo de Dios. El profeta Juan vio la multitud de los redimidos, y preguntó quiénes eran. Recibió esta respuesta: “Estos son los que han salido de gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Apocalipsis 7:14." 1TI 78.1
"Su simpatía hacia su pueblo es sin paralelo. No se queda como un espectador, indiferente a lo que pueda sufrir su pueblo, sino que se identifica con sus intereses y sus pesares. Si su pueblo es agraviado, calumniado, despreciado, sus sufrimientos están registrados en los libros del cielo como hechos a Él." ELC 67.4
Autor: Elena G White
Mujer Creada con Proposito
